La crisis como catarsis

De la mediatización del concepto de crisis a la construcción de políticas públicas. 

Frecuentemente se emplea en el argot mediático el concepto de crisis para referir que las cosas van mal; asociado esto, por lo general, a las cosas de interés público, a la res pública. Por el carácter inevitablemente subjetivo de las composiciones semánticas asociadas a dichos concepto (crisis) y propósito (denostación), para efectos de lograr aplicaciones puntuales, la orientación científica no puede menos que postular con mayor rigor los elementos constitutivos de un concepto. Precisamente puesto que las ciencias sociales trabajan con el lenguaje como herramienta fundamental, una primera observación requiere distinguir las implicaciones políticas y discursivas del uso de los conceptos, frente a la construcción teórica científica de los mismos. Esto es, que el concepto de “crisis” en la arena política es una herramienta que sintetiza posiciones de desvalorización de un estado determinado de cosas. Así, crisis se usa para referir aquello que está a punto de colapsarse, desintegrarse o dejar de funcionar, respecto de aquellos cursos de acción, propuestas, estructuras o posturas sostenidas por rivales o adversarios ideológicos y políticos.
El problema de comunicación mediática asociado a esto, es que mientras no haya una construcción conceptual teóricamente bien fundamentada de dicho concepto, su contenido proyectará inevitablemente la carga valórica y teleológica de quien lo está empleando: señalar crisis, equivale a negar posibilidades de ser, tanto en el presente, como en el futuro, y esto, es resultado inminente de una opción política determinada. Una reflexión teóricamente bien fundamentada del concepto crisis, requeriría su delimitación aplicativa a un campo diferenciado de análisis, así como una previa estandarización de observaciones particulares que indicara correlaciones específicas con algún indicador o grupo de indicadores límite, así como con algún dispositivo normativo, medida preventiva o acción específica, que fuera activada en supuestos predefinidos: esto es, la construcción del concepto de “crisis” como un dispositivo funcional, requeriría para efectos operativos, ser enmarcado en un esquema de acción legal, que conlleve efectos jurídicos concretos. No obstante la aparente dificultad de lo antes señalado, se trata de un proceso frecuentemente actualizado cuando se desarrollan aplicaciones funcionales plenas.
A este respecto, la política monetaria sirve de contraste adecuado: señalar una “crisis monetaria” supone que la moneda nacional, bajo el esquema de libre flotación, alcance un valor determinado, antes de lo cual no puede ni debe señalarse como “crisis” y después de lo cual, una vez actualizados los supuestos funcionales del esquema “crisis monetaria”, acciones específicas de política monetaria deben llevarse a cabo. En el caso de los “desastres”, y respecto del fondo para “desastres”, se requiere igualmente que un agente o agencia previamente habilitada exprese la calificación en cuestión (bajo la forma de “declaratoria”) para que entonces un fondo de recursos determinados sea canalizado y acciones específicas llevadas a cabo. No obstante la claridad de los anteriores casos, en la arena mediática suele extrapolarse esta estructura de racionalidad para fines de confrontación política. Así entonces se hace alusión a “crisis de seguridad pública”, “crisis de empleo”, o “crisis de derechos humanos”, postulando en ello, sin la debida fundamentación metodológica, supuestos que apelan a la emotividad y a la animadversión, instrumentados frecuentemente bajo cálculos político electorales.
En un estado democrático, esta realidad tiene cada vez menos cabida: la propia formación y generalización de conceptos y observaciones más complejas por parte de toda la sociedad, es lo que posibilitaría acceder a un mejor estado de cosas, específicamente a un mejor estado discursivo y a una mayor cautela, que nos blinde de la anomia y la indiferencia ante la normalización de generalizaciones semánticas de excepción, como ésta, que son usadas mediáticamente para propiciar procesos catárticos, transmutación de emociones colectivas etc., y que requieren más bien preservar su valor significativo y su rendimiento funcional, para ser de efectiva utilidad y motivación relevante en las ocasiones adecuadas, para movilizar cívicamente en su caso, en modos que posibiliten una reacción estructurada y recursiva, con soluciones que puedan replicarse y actualizarse a diversos casos similares, en modos que en suma, nos permitan construir políticas públicas incluyentes y eficaces.

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El petróleo como parásito/ Artículo publicado

Una aproximación a la crisis en Medio Oriente desde la systemtheorie.

César García Razo

En este artículo me propongo explicar cómo en los acontecimientos de la sociedad mundial asociados al desplazamiento forzado de incontables ciudadanos en la región del Medio Oriente, pueden observarse relaciones directas con la generalización de estructuras de sentido de la sociedad, más allá de los planteamientos frecuentes de las teorías de la acción que centran como su objeto de análisis el comportamiento e interés particular de ciertos agentes y grupos, colocados en posiciones de influencia en las organizaciones políticas. Para tal fin, partiré de la perspectiva constructivista en que se soporta la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann, afirmando que la forma de observar y describir los fenómenos sociales, y sobre todo la comunicación que sobre los mismos desplegamos en nuestras interacciones cotidianas, son constitutivas del sentido mismo de la sociedad: re-crean el mundo que observamos y consolidan o renuevan estructuras e inercias aparentemente inamovibles. Nuestra observación señalará la relación entre los más recientes desplazamientos poblacionales en la región del Medio Oriente, ensayando algunas descripciones sistémicas, en términos de una posible orientación parasitaria de la economía del petróleo, como hipertrofia del consumo de energéticos a nivel mundial, o bajo la forma de paradoja en la comunicación sobre las fuentes de energía no renovable (frente a la generalización de las posibilidades tecnológicas para el uso de fuentes de energía renovable), que se debate actualmente en los países de la centro-modernidad, y que va impactando en la economía de los países de la moderno-periferia; todo esto aconteciendo ante la inobservancia de un adecuado mecanismo internacional de convención sobre la racionalidad extractiva del petróleo y el empleo de fuentes de energía no renovable. 

El petróleo hoy

El consumo actual de energéticos hidrocarburos resulta insostenible para el siguiente siglo, a partir de las más elementales observaciones de prospectiva sobre la cantidad de petróleo de la que se tiene registro mediante las ciencias geológicas contemporáneas. El estimado de reservas de crudo al año de 2014 es del orden de un billón seiscientos mil millones de barriles, mientras que el consumo mundial durante 2014 se acercó a la cifra de los noventa millones de barriles diarios. De este modo, hay una aproximación generalizada a partir de algunas observaciones científicas especializadas que comprende no más de cien años, y en algunos casos no más de cincuenta. Desde la systemtheorie el problema de la temporización es relevante porque “La necesidad de sincronizar el tiempo según las exigencias de las propias autopoiesis respectivas explica, por consiguiente, la emergencia de un mundo que independientemente de las cogniciones es tal como es. Los sistemas conmutan relaciones de tiempo por realidad, sin que con ello anticipen concretamente determinadas formas de sentido” (Luhmann, 2007: 85). Así, la alta dinamización operativa que ha producido el uso de esta fuente de energía se sintetiza en dos siglos de la historia de la humanidad en que la combustión de hidrocarburos alcanzó niveles de consumo generalizado hasta su agotamiento.  

Esta condición puede integrarse conceptualmente como una derivación de la noción de hipertrofia del consumo, lo que aquí especificamos como hiperconsumo de hidrocarburos, afianzado ya en los países de la centro-modernidad y en creciente expansión aún en los países de la moderno-periferia. El hiperconsumo consistiría en que un recurso geológico que no es renovable (crudo) sería agotado en un lapso de aproximadamente siete generaciones, en detrimento de las posibilidades de su uso para las generaciones posteriores. Además, su demanda y consumo hasta ahora, aventaja en tiempo a la posibilidad de que el procesamiento político de organizaciones internacionales produzca y aplique eficazmente estándares de racionalización para su extracción sustentable, es decir para que la extracción no produzca daños ambientales irreversibles. Por otra parte, la extracción del crudo a partir del cual se refinan los combustibles que propulsan actualmente a millones de vehículos en el mundo, fomenta al mismo tiempo un crecimiento progresivo de la industria automotriz de combustión interna a base de gasolina en los países de la moderno-periferia.

Los niveles de complejidad y contingencia que se observan en la sociedad moderna en relación con las formas generalizadas de uso, consumo y abuso de los recursos naturales, imposibilita la producción de cálculos asertivos que se afiancen en las estructuras de sentido de la sociedad como referentes inductivos de comportamiento. Es decir, la comunicación de la sociedad y la generalización de observaciones particulares sobre dinámicas económicas se dificulta frente a la diversidad de comprensiones del mundo (la naturaleza) y del hombre (lo social) que se procesan a través de las diversas organizaciones de la sociedad, de sus distintos segmentos, estratos, centros y funciones. Por lo anterior, no resulta viable, en términos de la perspectiva sistémica, aspirar a la proyección de estrategias de orientación sobre un consumo racional bajo la forma de planes de acción o proyecciones normativas que resulten eficientes, sino acaso a modo de ofertas de variaciones posibles, supeditados al teorema de la complejidad y contingencia antes referido. Se trata entonces desde esta perspectiva de esclarecer las tenues pero determinantes relaciones entre el desempeño de los roles cotidianos y la orientación general del sistema social. Se trata aquí de esclarecer cómo se conforman las estructuras de la sociedad mediante operaciones generalizadas masivamente. Además, la generalización creciente del hiperconsumo en el uso de transportes y la comercialización de vehículos automotores basados en la combustión de hidrocarburos, frente a las carencias reflexivas sobre el problema de su agotamiento geológico en los términos señalados antes, inciden decisivamente en las condiciones de tensión y conflicto internacional en las regiones de economía altamente petrolizada, que en su episodio más reciente se viene traduciendo como la oprobiosa violencia interna que aqueja a algunos países del Medio Oriente, y particularmente en Siria durante el curso de estos últimos cuatro años. 

En el plano analítico correspondiente a la historia reciente de las relaciones internacionales y el acoplamiento de la economía mundial durante los siglos XX y XXI puede verse que ante la magna emergencia de las economías de China e India, así como ante la reciente explotación de relevantes yacimientos petrolíferos en Siberia, la economía rusa ha desplegado estrategias extractivas mediante procedimientos irregulares (fraking) con el objetivo de posicionarse dinámicamente como proveedor principal de los requerimientos de crudo del continente asiático, disputando dicha posición a la economía Saudita y descolocando como efecto lateral, la hegemónica influencia transcontinental de Estados Unidos en materia de energéticos. Y es que pareciera que para Rusia “el sector petrolero es el salvavidas de Rusia” (…) y que efectivamente “Esto es como la segunda parte de la guerra fría, pero sin armas, solo con barriles de petróleo”. 

Sobre los desplazamientos poblacionales más recientes

Actualmente se registran más de 7.5 millones de desplazados internos por el conflicto de Siria y cerca de tres millones fuera del país. Es también una noticia generalizada, que tanto Rusia como Irán no están de acuerdo con EU y sus aliados, en que Al Assad es el responsable del conflicto actual en Siria. Y resulta notable en este contexto que países como Australia y Turquía están suscribiendo más abierta y decisivamente el apoyo a las posturas saudí-norteamericanas. Frente a esto, queda claro también que ni Rusia ni Irán están dispuestos a rescindir la continuidad de su apoyo y suministro de insumos bélicos al actual gobierno sirio. 

Independientemente de las deficiencias en la estrategia de confrontación de los problemas internos de Siria, de imprecisiones de cálculo humano en la observación del riesgo y el uso de armas; de enfoque del problema en suma, a lo que se le ha atribuido una buena parte de la tragedia humana hasta ahora, la emergencia de una organización con las características de ISIS en esa parte de la geografía de medio oriente ha resultado sumamente conveniente para tensionar más las relaciones de EU y sus aliados con el gobierno sirio, a través de las múltiples y complejas herramientas que estos países centro-modernos han consolidado en favor de la preservación de sus intereses económicos con soporte en la estructura poscolonial referida anteriormente y de la que enseguida daremos mayor cuenta, mediante la referencia teórica del orientalismo como estrategia de comprensión de estos procesos de inherencia, y a los conceptos de modernidad, tradición y liberalismo que le son correlativos. 

Actualización del Orientalismo

En particular referencia a la causa Palestina, Edward Said, elaboró una significativa teoría sobre los procesos de relación entre los países aquí llamados de la centro-modernidad y los países de economía petrolera de Medio Oriente, identificada con la categoría de orientalismo a través de la cual da cuenta de un proceso histórico que se remonta a épocas muy antiguas cuando comenzó a destacar la posición geoestratégica de esta región como zona de intersección para las rutas comerciales que vinculan al Oriente de Asia con Europa. Las confrontaciones de intereses comerciales entre los jerarcas del desierto y lo reinos europeos unificados bajo la identidad católica, arribaron al segundo milenio de la era cristiana con la proclamación de un estado de Guerra (Las Cruzadas) que se registra como una de los episodios más sanguinarios y lamentables que se asocian a la defensa de la religión. 

Pero la atribución de conflictos de naturaleza económica a motivaciones de carácter religioso ha sido frecuentemente una disposición particular promovida por la función económica, cuando en alguno de los bandos en conflicto, las organizaciones económicas se sobreponen en poder e influencia a las organizaciones religiosas y se arrogan el derecho de atribución de sus operaciones a motivaciones espirituales. El enfoque sistémico también permite observar que esta posibilidad se basa en los desbalances esporádicos entre las relaciones de estas últimas (organizaciones religiosas) frente a su ambigua dependencia y subsunción de aquellas (organizaciones económicas). Nótese que la superposición entre economía y religión ha sido una dialéctica histórica asociada al intercambio de mutua legitimación (lo que sistémicamente puede verse como una forma de heterorreferencia, desarrollada particularmente como “heterolegitimación”).

En este sentido, los países de la centro-modernidad han desplegado una compleja estrategia de contención a la expansión demográfica de las sociedades islámicas, que ha incorporado elementos de carácter confrontativo en todos los niveles sociales posibles. Al Medio Oriente se le ha construido en el imaginario social de los países de la centro-modernidad como una región de barbarie, contrapuesta a sus estructuras axiológicas fundacionales, así como a la misma religión del Islam se le ha distorsionado sistemáticamente, con la venia de las organizaciones eclesiásticas cristianas, a través de todos los canales de comunicación posibles (arte, espectáculo, prensa, medios masivos, pseudo-teoría en suma). 

La teoría de Said emerge como un contrapeso de significativo nivel teórico ante dichos dislates, en el seno mismo de la academia centro-moderna. Además de contextualizar desde una observación particular el sentido de esta tensión histórica entre los países de Europa y Medio Oriente, su teoría cobra mayor fuerza ante el orden emergente de la petrolización de la economía de estos últimos. No sólo es entonces una lucha por la dominación geostratégica de puertos y zonas de tránsito mercantil que conecta a dos regiones del mundo, sino además por la apropiación subrepticia de territorios que se observan con escasa densidad poblacional y en cuyo suelo se aprecia una riqueza natural inconmensurable. 

El consecuente desenlace de esta disposición unilateral hacia la mounstrificación de la otredad (la barbarización del musulmán y de los países del Medio Oriente) ha sido una reflexividad contestataria que de aquel lado termina por refractar igualmente dicho esquema, mediante la reciprocidad del rechazo y la animadversión, que no pocas veces ha alcanzado niveles de mediatización espectacular, como cuando se sanciona la transgresión criminal de ciudadanos extranjeros mediante la pena de Muerte. 

No obstante lo anterior, la observación histórica de los pueblos del desierto da cuenta de una arraigada orientación hacia la hospitalidad y la coexistencia pacífica entre los diversos credos en el seno mismo de la religión del Islam que se encuentra tan generalizada en aquella región, tanto como en este caso se puede dar cuenta de que la economía de los países de la centro-modernidad es altamente dependiente de la operatividad hospitalaria del turismo. ¿Qué es entonces lo que subyace a las crecientes formas de hostilidad, que son reproducidas al exterior tanto como al interior mismo en los países del Medio Oriente?

Lo que en este caso permite establecer relaciones significativas entre la teoría del orientalismo y la crisis actual de Siria es el hecho de que en términos de inmediatez local temporal, los últimos eventos de este conflicto, con los que se relaciona directamente la crisis de humanitaria de despojo y migración forzada, tiene que ver con la aparente emergencia del citado grupo de reaccionarios musulmanes autodenominados Estado Islámico, que desempeñan conveniente y paradójicamente para los intereses norteamericanos y hasta cierto punto también para los sauditas, un doble rol en la arena de la confrontación mediática por los recursos de Medio Oriente. 

En favor de los intereses norteamericanos ISIS representa la versión orientalista contemporánea del bárbaro musulmán, ese que desdeña o se distancia de los valores supuestamente universales de la modernidad liberal. En favor de los intereses sauditas, la emergencia de ISIS socava la entereza del régimen de Damasco que en recientes fechas está dando muestras de adhesión a los intereses Rusos que compiten directamente con la dinastía petrolera Saudita por el abastecimiento de crudo para Asia Oriental. No obstante la anterior paradoja (el aparente doble rol) dificulte concebir a ISIS como un artificio instrumental, el teorema de la doble contingencia da cuenta cómo una pretensión instrumental del poder, se traduce justamente en efectos paradójicos, tecnificando nuevamente la complejidad, o en términos sistémicos, reduciendo complejidad mediante nuevas paradojas. Sobre el problema de la paradoja, puede verse en Luhmann: “Si nos preguntamos cómo se trata el problema de la paradoja del observar, hay que presuponer que no puede ser ‘resuelta’, en el sentido que después ya no exista […] Sigue siendo posible, en cambio, desdoblar, desenrollar o desplegar la paradoja […]” (Luhmann, 2010: 159).

Así, puede verse que los más recientes virajes discursivos en la política internacional (de la no intervención a ciertas formas de intervención) en favor de las causas humanitarias, constituye un desarrollo del sentido bajo la forma de hospitalidad y solidaridad, a través de la creciente internacionalización de la ciudadanía que se adhiere voluntariamente con los casos que alcanzan mayores niveles de resonancia a través de los mass media, y ahora también a través de las redes sociales, como se ha visto con la respuesta ciudadana de Islandia y Alemania, a la crisis en Siria.

En este orden de consideraciones, la inherencia como disposición liberal de la política exterior de los países central-modernos, puede verse como un subproducto limitado de las teorías de la acción, asumidas como factor de heterolegitimación con recargo en sus organizaciones académicas, en el sentido de que solamente estas teorías des-conocen la contingencia de la sociedad y autopostulan su potencia explicativa de la diferenciación social, bajo la condición de que las diferencias observadas (contraste) se rijan por un principio de subsunción en favor de los postulados de socialidad moderna de la teoría observadora; es decir, que la centro-modernidad ha observado la no modernidad, primeramente desde la perspectiva de un agente de control, desde un plano de superioridad, desde una motivación utilitaria, más allá del compromiso humanitario que una observación con estos condicionamientos pueda generar. Pero la dimensión de sentido subyacente a este discurso moderno de la inherencia, asociado a la hegemonización de valores y prácticas, como en este caso el liberalismo económico (prácticas de libre mercado que se traducen en reforzamiento de las corporaciones trasnacionales para la rentabilización de los recursos naturales) y del liberalismo social (que se traduce en la dislocación de las estructuras de integración social familiar a través de las cuales en los países periféricos se ha contenido hasta ahora la nueva colonización económica centro-moderna), convoca también a la ciudadanía que participa y se adhiere en favor de las causas humanitarias a des-colocar las observaciones y comunicaciones a través de las cuales se denostan a las formas de vivencia moderno-periféricas, porque el análisis sociológico como el que aquí se desarrolla advierte que sus problemáticas confrontaciones internas son sobre todo una resonancia de los desbalances de la orientación predatoria de la economía global, que asedia a las poblaciones moderno-periféricas, bajo la forma de un complejo entramado de estructuras de normalización, estimuladas inadvertidamente por la generalización del hiperconsumo del que enseguida daremos mayor cuenta. 

La paradoja de la comunicación sobre las fuentes de energía renovable y el hiperconsumo de hidrocarburos como parásito del sistema social

La hipertrofia del consumo de fuentes de energía no renovable, aquí referida llanamente como hiperconsumo, se muestra como una problematización teórica del propio consumo, considerado asimismo como un medium de la comunicación, un horizonte de posibilidad para la producción del sentido social, por derecho propio, en el seno mismo de la perspectiva sistémica, en tanto que dicha operación de la sociedad (el consumo) sintetiza a su vez el conjunto particular de operaciones a partir de los cuales queda satisfecho el teorema de la comunicación en sus tres aspectos: selección de la información—darla a conocer—comprender dicha información. “Esto es válido para todos los componentes de la comunicación: para la información (information) que sólo sorprende una vez; para el darla-a-conocer (Mitteilung) que —como toda acción—está ligado a un punto momentáneo en el tiempo, y para el entenderla (Verstehen) que no puede repetirse sino a lo sumo recordarse” (Luhmann, 2007: 49). Es decir, la propia operación del consumo se integra al análisis de lo social como una forma de la observación. Sobre esto afirma el propio Luhmann: “Independientemente de lo que la ciencia sea y cómo se distinga de otras actividades, sus operaciones son en todo caso una observación y, cuando se elaboran textos, una descripción. En el consumo general de la sociedad y también en la ciencia, el conocimiento se genera únicamente como resultado de observaciones” (Luhmann, 1996: 60). También podemos aquí considerar las distinciones señaladas por Hellmann como consumo/dinero, o trabajo/capital. Si profundizamos más en la propia concepción sistémica de la función, como “esquema lógico regulador que organiza un ámbito de comparación de efectos equivalentes” (Luhmann, 1973: 20) veremos que la propia diferenciación funcional del sistema económico muestra un ámbito sistémico parcial, plenamente diferenciado que consiste justamente en la manera como las sociedad comunica y representa su formas de locomoción y tecnologización del confort, incluso construidas semánticamente en los países de la centro-modernidad, como “necesidades básicas”. 

En este contexto cabe entonces observar la propia hipertrofia del consumo en materia de energéticos, o hiperconsumo, como un parásito mismo del sistema económico, ante la carencia de reflexiones más generalizadas en torno al problema de la geología en que se fundamenta la racionalidad extractiva, y también de la racionalidad polutiva, de los recursos energéticos no renovables a través de los cuales se continúa dosificando y regulando la generalización de la economía industrial moderna, no obstante ya existan provisiones del sistema ciencia suficientes para re-orientar el paradigma del consumo energético no renovable hacia fuentes plenamente renovables como la energía eólica y solar. El punto sería entonces distinguir el concepto de parásito como una contra-disposición de sentido, partiendo de la reiterada consideración de que los sistemas sociales no se observan aquí como entidades de base material o energética. Un sistema así pensado resulta una composición de relaciones, una estructura de estructuras, si se quiere, que satisface además la posibilidad de recrear sus propias relaciones con los elementos de que ya dispone, de recrear sus distinciones a partir de sus propias distinciones, o lo que es definido por Luhmann como autopoiesis. Un parásito entonces resulta una categoría relacional, que expresa esa contra-disposición/orientación/recursividad respecto de una observación que señala una disposición/orientación/recursividad como médium de su forma parasitaria. Se trata entonces de un conflicto de sentido, de acumulación de significados, bajo la forma de paradoja semántica, y no de un conflicto social meramente, como se podría llegar a confundir en caso de perder de vista la dimensión de sentido en la que se fundamenta esta peculiar forma semántica referida como “petróleo”. 

Con el concepto de parásito aplicado al caso de nuestro interés, podemos ver en última instancia que lo que puede identificarse en todo caso como hiperconsumo de los recursos energéticos no renovables constituye una forma de sentido que es observada desde la racionalidad ambiental, (ambientalismo, ecologismo, moderno-periferia o no modernidad en suma) como un parásito de la sociedad mundial. Y que igualmente, la racionalidad ambiental, de la energía renovable o la polución, representa un correlato parasitario, o parásito de la sociedad moderna frente a la propia orientación y generalización de la centro-modernidad.

Conclusión

Lo anteriormente señalado nos lleva a considerar que la sumatoria de los pequeños impactos cotidianos del hiperconsumo mundial, constituyen inadvertidamente el contexto de posibilidad para que las regiones propensas a la extracción predatoria padezcan como consecuencia una agudización por la competencia de sus propios recursos al nivel interno, así como una polarización de posturas políticas entre sus propias organizaciones, y eventualmente conflictos que adoptan los inasibles rostros de la complejidad y la doble contingencia de lo social; que aparecen como órdenes emergentes bajo formas de una hiper-violencia abigarrada y subrepticia, frecuentemente tan incomprensible como inescrutable; como correlato mismo de ese hiperconsumo abigarrado y subrepticio que sigue generalizándose mediante la réplica de las disposiciones de la economía centro-moderna en los países moderno-periféricos. Más allá de la adopción de posturas discursivas o disposiciones de operatividad internacional beligerante, como la del choque de civilizaciones de Samuel Huntington, la systemtheorie aspira a la dilucidación, mediante el análisis funcional y la identificación de estructuras de equivalencia, a la observación de las delgadas y tenues líneas de relación que subyacen a la comunicación de los aparentemente dispares e inconexos acontecimientos del orden mundial. De acuerdo con lo que esta postura sociológica fundamenta, ningún acontecimiento, en su abigarrada e inasible manifestación, puede observarse desvinculado de las estructuras de sentido, que contienen y modelan las operaciones generales de la sociedad. No se trata aquí con esta observación sistémica de afirmar o promover un curso de acción particular; no estamos aquí por la formación o diseño de un modelo normativo ni general ni específico; ningún tipo de reforma nos interesa promover más que la reforma de la observación, pues en esto se distingue la systemtheorie de otras perspectivas y disciplinas sociales (de la ciencia política, y aún de las sociologías críticas, o accionalistas). 

Se trata aquí de observar que la generalización de las estructura axiológicas de la modernidad, afianzadas en los países moderno-centrales y emergentes en los países moderno-periféricos, no significa que las organizaciones, grupos o individuos que objetan o ralentizan las formas que va cobrando dicha generalización pro-moderna en sus regiones particulares, requieran ser observados como monstruos; puesto que la complejización de la sociedad, dígase modernidad, se trata ante todo de procesos de diferenciación social que obedecen a diversas lógicas en función de la diversidad de precedentes históricos y de la diversidad de representaciones del mundo que se han articulado en las distintas geografías del planeta con base en necesidades regionales muy concretas; se trata en suma de una correlación inversa que en todo caso posibilita mutuas exploraciones de sentido en ambas regiones de lo social. Es decir, que conviene recordar que una modernidad central es posible porque una periferia menos modernizada, en conjunción con los ámbitos de socialidad no moderna, dan contención y restringen la posibilidad del agotamiento ambiental. En otros términos, si la modernidad de la sociedad moderna fuera generalizada universalmente hoy de tajo, los recursos planetarios no bastarían para sostener dicha modernidad universalizada. Si todos los habitantes del mundo tuvieran un dispendio de la cantidad de papel o hidrocarburos normalizada para un ciudadano centro-moderno promedio, los bosques y las reservas petroleras se agotarían súbitamente, con su consecuente catástrofe. No se trata tampoco de abogar por la intervención o la no intervención internacional, sino de esclarecer que cualquier curso de acción al que pueda adherirse la participación ciudadana internacional, enfrenta como condición de posibilidad, la observación de la doble contingencia como paradoja de colocación o des-colocación de cualquier tipo de prejuicio hacia otras formas de vivencia, incluso en contra de la comprensión de otros esquemas de valores políticos y sociales; de otras correlaciones de sentido que comprenden diversos abordajes en materias de tecnología y mediatización, nutrición y medicina, género y familia, reproducción y sexualidad, participación política y sancionabilidad penal, educación, empleo y hasta sobre las formas del ocio, entre muchas otras; y de esclarecer también, que en el entramado complejo de la sociedad contemporánea los sistemas de sentido, problematizan, mediante la forma de conflicto, la paradoja de la exclusión de la sociedad, cuando se generaliza el desconocimiento de la unidad del sistema social, con planteamientos de tipo, “eso no tiene que ver conmigo”, puesto que más allá de las diferencias aparentes, lo que también las observaciones sistémicas nos señalan, es que nada de la sociedad nos es ajeno.

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