Populismo, demagogia y sociología

Populismo, demagogia y sociología: breves reflexiones sobre la teoría del lenguaje.

La reciente polémica en torno al significado del término “populismo”, da cuenta de un tipo de problemas de la comunicación política idóneos para revisarse desde la sociología sistémica. La primera reflexión que cabe señalar, es que las características de especialización y división del trabajo en la sociedad moderna, reconfiguran y complejizan  la funcionalidad del lenguaje en modos apenas reconocibles para el observador no especialista. Un primer efecto de esto es lo que sociológicamente se ubica como la apropiación social del lenguaje, una dinámica generalizada que se distingue por la constante evolución y desarrollo de los elementos del lenguaje afianzados en desarrollos específicos de cada uno de los ámbitos funcionales de la sociedad: el arte, el derecho, la ciencia, la política, la religión, la economía, los mass media, y la familia, principalmente. Cada uno de estos sistemas sociales aportan elementos lingüísticos, neologismos y variaciones semánticas que ya no obedecen a la antigua potestad premoderna de las Academias Reales de la Lengua. En otros términos, la sociedad moderna hace suyo el lenguaje y se descoloca como súbdito lingüísitico de cualquier potestad no estrictamente funcional. La validación de estos cambios en el lenguaje obedece entonces a la aceptación y generalización producida mediante los códigos particulares de cada uno de los ámbitos funcionales señalados. No obstante lo anterior, como función propia de la sociología, es verdad también que de entre estos ámbitos señalados, el sistema ciencia, y particularmente las disciplinas sociales han concentrado privilegiadamente la potestad de la reflexión semántica, la validación de las variaciones y los neologismos, todo esto mediante la construcción de teoría, o texto sociológico. En un siguiente nivel de análisis, derivado de las observaciones de Bourdieu en su texto “Qué significa hablar: economía de los intercambios linguísticos”, la sociología señala también tres niveles de aplicación del lenguaje, caracterizados cada uno por creciente nivel de complejidad y de especialización. En el primer nivel estaría el habla coloquial, también llamada “interaccional”, donde se producen las apropiaciones particulares, familiares y regionales del lenguaje que impactan limitadamente en la variación de significados; en un siguiente nivel se encuentra el lenguaje político o nivel discursivo, cuyo propósito es coordinar la acción colectiva y que se produce y recrea precisamente en la arena del sistema político. En un tercer nivel se encuentra el lenguaje científico, que a través del sistema ciencia, compuesto de universidades, centros de pensamiento y publicaciones especializadas aporta los más significativos y recurridos elementos para la reflexión semántica, esto es la variación de significado de las palabras, y la inclusión de nuevos términos. Así entonces, el habla tiende a los acoplamientos con el lenguaje político y el lenguaje político tiende a la inclusión de las disposiciones del lenguaje científico. En este orden de consideraciones, cabe observar que una palabra asociada a la arena política, como “populismo”, adopta en el nivel interaccional una indeterminada caracterización, que sigue, con sus propias variaciones, las pautas que le son suministradas por el propio sistema político, y que en mayor o menor medida filtra el sistema de los mass media. Visto en clave sociológica, resulta superfluo apelar a la interpretación propuesta por el diccionario (Obama): ¿cuál diccionario?, ¿emitido por cuál autoridad? Ante esto, una lectura sociológica nos remitiría necesariamente al empleo académico que se haya desarrollado sobre dicho término; a revisar qué autores de la academia lo han abordado y con qué contenido. Frente a lo anterior, el evento internacional reciente donde se polemizó esta cuestión, hace evidente una brecha significativa entre la academia sociológica norteamericana y la propia latinoamericana, debido a que han desarrollado diversos o escasos contenidos sobre el mismo concepto. Por ahora dejaremos simplemente la reflexión, a modo de estímulo sobre un caso ejemplar de problema teórico: si el populismo es demagogia, ¿qué exactamente distingue al populismo de la demagogia, y por qué se justificaría el empleo de ambos términos de manera que no implique una redundancia? Y si resulta que su connotación es positiva, como también fue planteado, entonces ¿cómo se justificaría su diferencia frente a la mera concepción de lo “demócrata”? De este modo, recalcaría por último, que no se trata de un mero problema de traducción, como algunos analistas han planteado hasta ahora, sino de un acoplamiento flojo (loose coupling) entre los desarrollos científico sociales propios de la academia norteamericana y la nuestra. Traducido esto necesariamente, como la sociología puede dar cuenta, en un acoplamiento flojo en las propias organizaciones políticas. Un buen tema de tesis, sin duda para quien se interese en profundizar, desde una perspectiva disciplinaria en cualquiera de los señalamientos aquí apuntados. 

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