Movilidad humana, racismo y xenofobia

Derecho a la movilidad humana, racismo y xenofobia en los albores del siglo XXI

El 20 de junio se conmemora el día mundial del refugiado, cuya figura jurídica en el derecho internacional hace posible la creciente materialización moderna del derecho a la movilidad humana. En principio la figura del refugio surgió como respuesta a las incontestables necesidades de la sociedad moderna relacionadas con las catástrofes naturales, geológicas y meteorológicas. Pero eventualmente mediante los procesos de legislación y jurisdicción internacional (juicios sobre derechos humanos, sentencias y jurisprudencia de las diversas organizaciones jurídicas mundiales), se ha ampliado su rango semántico para también integrar el reconocimiento de los eventos de catástrofe relacionadas con los planos de la política y la economía (se discute en esto los alcances de la figura complementaria “asilo político”). Si bien es cierto que la sociedad humana ha evolucionado mediante procesos de clausura y apertura de la movilidad, en la medida que estas modulaciones hacen posible el asentamiento, regularización y dinamización de las estructuras y los órdenes internos de cada país  (por lo cual en principio los estados han legitimado la potestad de clausurar sus fronteras y repatriar a quienes se internen sin tramitar una autorización previa), también es verdad que la propia existencia de la sociedad se funda en el principio de la hospitalidad, tipificado en el constitucionalismo de diversos países primeramente bajo las figuras de asilo y refugio. Cabe considerar en este punto que se trata de una responsabilidad incluso sacralizada por la tradición judeocristiana como mandato bíblico, establecido en el Levítico 19:34: “Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amaréis como a vosotros mismos; porque extranjeros fuísteis en la tierra de Egipto. Yo Jeováh, vuestro Dios”. Así, la protección a los extranjeros, como puede verse en la historia de Occidente, también ha sido un factor de legitimación que diversos soberanos emplearon a discreción para afirmar su soberanía, y como fórmula de reconocimiento entre pares.

En este orden de consideraciones cabe recordar que nuestro país tiene acreditado a nivel internacional un lugar de vanguardia, que nos coloca como una de las naciones más solidarias con la movilidad humana, particularmente mediante las figuras de refugio y asilo político, como fueron desplegadas durante el siglo XX con los exiliados de la República Española, Argentina, Chile y más recientemente, de Guatemala y Centroamérica. Por otra parte, la integración mundial aconteciendo bajo el influjo de la tecnología de las comunicaciones y la información, plantea también un horizonte de posibilidad inédito en la historia de la humanidad para la actualización de este complejo y controvertido derecho. En perspectiva sumaria baste aquí señalar por ahora, que si anteriormente las excepciones a la movilidad eran preservadas como una potestad discrecional para los estados, con el motivo del señalado orden interno, bajo la categoría de la “seguridad nacional” (en términos de que resultaba imprescindible conocer si un migrante determinado era sujeto libre de pleno derecho o algún prófugo de la justicia que representara algún peligro para el país), dicha objeción puede ser superada actualmente con la posibilidad del establecimiento de bases de datos universales capaces de dar cuenta de manera cada vez más inmediata y contundente sobre la identidad, y la ubicación de sujetos, y  de los aspectos particulares sobre sus posibles imputaciones de responsabilidad. Hoy en día, los alcances tecnológicos habilitan un nuevo estado de reconocimiento del derecho a la movilidad humana que efectivamente ha sido integrado con crecientes alcances en los ámbitos normativos de los distintos países, entre ellos el nuestro, y más aún, en algunas zonas del interior como el caso de la Ciudad de México a través de su vanguardista Ley de Hospitalidad. 

Con lo anterior, más que afianzar las potestades restrictivas y de “aseguramiento” (aprehensión) de la movilidad humana por parte de los diversos Estados, como postulan los frecuentes discursos del miedo, el desafío que la modernidad presenta, bajo la forma de acoplamiento informático entre las diversas organizaciones estatales, es el desarrollo de registros universales que afiancen el cambio de paradigma de la movilidad desde un modelo de restricción hacia uno de gestión, como ha sido indicado ya por los organismos multilaterales derivados del sistema de las Naciones Unidas. Visto sistémicamente, la movilidad humana es de tal modo fundacional de la sociedad, que dadas las posibilidades (tecnología) para el afianzamiento del modelo de gestión, el regreso a los esquemas de clausura física propios del modelo restrictivo no sólo carecen de sentido moderno, sino también de razón histórica. Esto es, que la historia se ha desarrollado justamente por los procesos de movilidad, regulada cada vez más mediante procedimientos burocráticos que mediante procedimientos físicamente coactivos, y de esto da cuenta el hecho de que las nuevas posibilidades modernas de clausura fronteriza van cobrando cada vez más la forma de mecanismos virtuales como la gestión de las visas por internet (cuando no la supresión de las mismas), que la de rejas, muros y garitas; y que tiende asimismo a su complejización bajo la forma de membresías particulares y derechos condicionales. 

La proposición de medidas orientadas hacia la clausura de fronteras físicas muestra por tanto un sentido contra-moderno, que se manifiesta parcialmente a la alza, como efecto del desconocimiento y del incipiente despliegue de esos elementos informáticos y comunicacionales que están disponibles, aún pendientes de ser mayormente desarrollados; y como preludio a un definitivo y mayúsculo próximo afianzamiento universal del derecho humano de migrar. Como en todo gran cambio estructural de la sociedad, no deja de ser cierto que los factores de modulación y acoplamiento tienen que ver con la generalización de actitudes ante lo desconocido, la contingencia, el riesgo, y los desafíos implícitos en el encuentro con la Otredad; con la cantidad de miedo y ansiedad que seamos capaces de procesar para reconocernos en lo diferente y asumir plenamente ese nuevo momento histórico. Con los anteriores elementos, se esclarece a la observación sociológica que el llamado Brexit, tanto como la campaña de Trump, y otras rachas de xenofobia cundiendo actualmente por el mundo, resultan más que nada movimientos de oportunismo político orientados a rentabilizar ese miedo y ansiedad; nada nuevo en la agenda de las corporaciones mediáticas multinacionales, de sus accionistas y beneficiarios.

En términos de temporización, la sociología sistémica suele ser escéptica ante el planteamiento de fechas exactas. Hemos afirmado que hay indicios sociológicos para señalar el advenimiento inminente de un cambio de paradigma en los modelos generalizados de atención a la movilidad humana (esto es, de la restricción policial a la gestión administrativa), pero resulta poco ilustrativo especular sobre los plazos. No obstante, por ahora, para avisorar ese cambio de paradigma podría al menos establecerse una breve premisa de relación entre el lapso que nos tome como sociedad superar la adicción mediática, la compra del morbo a través de las imágenes y las noticias por las que pagamos a los distintos mass media, y el tiempo que nos lleve generalizar la expectación positiva, de que es posible, como siempre lo ha sido, salir más allá de los límites de nuestro autocentramiento para coexistir y convivir en armonía, con aquello que imaginamos tan desafiante, por diferente y (sólo hasta ahora) distante. 

Frente a esto cabe también reflexionar que la diferenciación funcional característica de la sociedad moderna se traduce como posibilidad de diferenciación de nuestro país frente a las tentaciones regresivas de la política norteamericana en la opción de un nuevo y más decidido paso hacia la hospitalidad, incorporando el reconocimiento del derecho humano de migrar (como ya reconocido en la CDMX), en otros ámbitos estatales, y eventualmente también en lo federal. Así, puede verse ya una preliminar iniciativa en el estado de Jalisco, emulando a la de la CDMX, impulsada bajo el título de “Ley de Hospitalidad” por el primer congresista local surgido de una candidatura independiente. 

Por último, para ampliar la observación sobre los algunos alcances y desafíos de nuestro país en la producción de elementos vanguardistas en torno al derecho de migrar, vía la legislación actual de la CDMX, les invito a leer el siguiente texto: https://investigacionsocialdevanguardia.files.wordpress.com/2014/11/ley-de-hospitalidad-df.pdf .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s