Constitución CDMX: propaganda, utopía y cultura de la legalidad

El proceso de constitucionalización de la Ciudad de México representa un episodio de diferenciación de la propia organización estatal mexicana que arrastra consigo algunas de las paradojas más relevantes de nuestro acoplamiento social: en un principio un proceso constitucional se definiría como un momento de emancipación de algún segmento o sistema parcial, respecto de un anterior grado de subordinación o dependencia. Por este motivo las constituciones suelen ser producto de revueltas históricas que tienen como base luchas armadas y confrontaciones en diversos órdenes, y raramente son producto de consensos alcanzados por la sola negociación política. En nuestro caso de análisis la Constitución CDMX partió de ser propuesta como un mecanismo de emancipación hacendaria frente a la federación, por parte de un grupo de agentes políticos relacionados con el gobierno de la Ciudad, que aspiraban a una mayor autosuficiencia financiera, frente a la política federal; a un nivel de autodeterminación similar a la que se observa en los demás Estados de la república. Pero el momento político era idóneo para generalizar el proceso constitucional, bajo la aspiración de todas las fuerzas contendientes de alcanzar un mejor posicionamiento a través un tipo de elecciones intermedias señaladas como parte proceso constituyente (una oportunidad más para contender por el ámbito local, antes de los tiempos oficiales). El proceso hasta ahora ha devenido en un circo mediático de orden propagandístico que no logra presentar significativamente implicaciones de sentido ciudadano. El resultado es que las últimas encuestas anticipan un abstencionismo del orden del 70%. Desde nuestro punto de vista una Constitución negociada entre élites políticas no requiere apelar a una legitimación ciudadana, sino más bien a establecer bases eficientes de interacción, soportadas en la producción consensuada de mecanismos de división y segmentación de las funciones y potestades públicas (poder), en la depuración de los mecanismos de heterolegitimación (relación con los mass media, con los otros órdenes sistémicos, religión, economía etc.). En este sentido, una observación sistémica colocaría en el centro de la discusión las posibilidades de integración de un gobierno colegiado basado en la conformación de selectividad sistémica mediante procedimientos de clausura en los procesos de decisionalidad heterorreferencial. En una escala más moderada esto equivaldría al planteamiento de elementos de parlamentarización para la propia estructuración del gobierno local, y en un mejor caso, a la articulación de un organismo ejecutivo colegiado o directorio, muy parecido al modelo que actualmente se prevé para la operatividad de las futuras delegaciones o alcaldías. Sin embargo, lo más accesible es continuar la emulación del modelo personalista y seguir apelando al voto ciudadano como mecanismo de legitimación, no obstante éste apenas sea del 30%, y a pesar de que se arrastren consigo todas las contradicciones estructurales de los regímenes unipersonales, a saber la inflexibilidad política, la baja legitimidad ciudadana y la crónica disfunción operativa. En todo caso, esta observación plantea que las preguntas relevantes, aquellas sobre la nueva división y refuncionalización del poder, no están siendo abordadas; que seguimos varados en la política sensacionalista, en este caso, con la venia de las élites locales, de los mass media y del precario ingenio de los publicistas en voga. Faltaría terminar de comprender que cuando las Constituciones se proponen como compendio de promesas insalvables, sólo se ensancha la brecha entre legalidad y facticidad, se lacera la noción de eficacia del sistema jurídico, y se abona a la apatía y a la fragmentación social.

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Un comentario sobre “Constitución CDMX: propaganda, utopía y cultura de la legalidad

  1. Ojala se acuerden en este nuevo Estado de la República Mexicana, que no queremos mas políticos de escaparate, que realmente gobiernen y legislen los que realmente elije el pueblo en base al voto. QUE NO EXISTAN MAS PLURINOMINALES.
    El ciudadano del extinto DF ahora se va a dar cuenta cuanto cuesta estar en un Estado, por que la hoy Cd. de México ya no va a estar subsidiada por el Gobierno Federal (eso esperamos los demás Estados).

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