Teorizar la transparencia, desdoblar la corrupción

Teorizar la transparencia, desdoblar la corrupción: el suspenso de la iniciativa ciudadana frente a la clausura operativa del sistema político.

La Corrupción, en este caso de análisis, la corrupción social y política, se entiende generalmente como un proceso de degradación resultante de las orientaciones destructivas de la cohesión social, cuya expresión más evidente es la del comportamiento que contraviene lo establecido por los principios morales tanto como por las disposiciones legales. Frecuentemente el señalamiento de esta observación enfoca los ámbitos del interés público donde se ven involucrados principalmente los agentes de la sociedad que desempeñan una labor en la administración pública, el gobierno en general, o casi cualquier otro ámbito, siempre que involucre órdenes de autoridad, en relación con los intereses de la cosa pública (Res-pública).
Pero dada la complejidad del fenómeno, una observación sociológica permite desarrollar un enfoque que trascienda esa especie de polisemia que frecuentemente se deriva de tratar de reducir el entendimiento de los fenómenos de la política y la sociedad, a categorías que sean más accesibles y generalizables. La noción general de corrupción, puede desdoblarse por ejemplo, de aplicarse al ámbito de la política y la administración pública, mediante la observación de los conceptos administrativo-operativos de ineficacia, ineficiencia e inefectividad; pero para este caso también se requeriría desdoblar la polisemia generada por las asociaciones de carácter moral o interaccional con las que se satura este concepto. Así, en el ámbito de lo moral y lo interaccional, la estulticia (impericia, ineptitud), la avaricia, la pereza (procastinación), así como la ira (en forma de venganza o revancha) en el manejo de los asuntos de interés público pueden resultar elementos de análisis que ayuden a reconfigurar la observación de eso que frecuentemente se refiere llanamente como corrupción. Y es que en el caso de simplificar un fenómeno por demás complejo como el de administrar la res-pública, o desempeñar la función de clausura política, la confusión y la interacción de intereses particulares, la divergencia y la convergencia de agregaciones de sentdo a lo que esto se encuentra expuesto tiene como efecto la propia anulación significativa, en términos de repercusión, aplicabilidad punitiva y juridicidad en suma, cuando se usa indiscriminada, y sobre todo indiferenciadamente. Esto es lo que  suelen hacer los medios de comunicación de masas (en adelante “mass media”), y por lo cual, propician en sus audiencias y público, la generación de sentimientos de incomprensión, animadversión y desánimo, frente a los agentes imputados de corrupción, tanto como frente a las estructuras que procesan formal e institucionalmente dichas imputaciones.

Entonces el problema es la pretendida observación de los mass media bajo un rol de juez en el proceso de imputación de responsabilidades, porque también son partícipes de los intereses en juego. Porque en el entramado de la diferenciación funcional de la sociedad, hay estadíos, contextos y momentos en los que los mass media son agentes de poder del sistema económico (empresas políticas), medios de interferencia en las interacciones propias del sistema político. Históricamente en nuestro país, donde aún encontramos procesos de diferenciación funcional en curso, puede observarse también que la clase dominante en lo económico, la heredera de la hegemonía colonial, ha confrontado dialécticamente a la clase heredera del vasallaje. Esta confrontación tuvo una reciente cúspide, para nuestra historia en el acontecimiento de la Revolución Mexicana. Simplificado en observaciones más accesibles y elementales podría observarse como lo siguiente: los viejos poseedores del poder económico cediendo el poder político (la administración de la res pública) a esa emergente casta de mestizos que conformaron la clase militar y revolucionaria. Actualmente puede verse que la polarización de la sociedad sigue respondiendo a esta dialéctica en términos de que los mass media han sido un factor de recomposición de estas relaciones en lo interno (dialéctica económico-política), puesto que va en juego la subordinación bajo la forma de tributación fiscal; y por otra parte la propia tecnocracia, como teoría del poder producida en la academia centro-moderna, ha abierto los espacios para la injerencia de un sector más complejo del entorno global (agencias financieras globales) enarbolando ahora la bandera de un tipo “know how”, para todos sus efectos prácticos, registrado casi como patente, bajo la semántica de “Transparencia”, respresentando también con esto la posibilidad para que algunos agentes de la academia local, beneficiarios de dicha patente, encuentren espacios de colocación política. En todo esto, lo que resulta claro es que para los efectos de la cohesión social no sirve de nada ignorar la complejidad de la corrupción y frustrarse porque no se comprende cómo las estructuras jurídicas, donde sí se desarrolla una teoría más compleja, al menos operacionalmente, parecen tener observaciones encontradas o desestimatorias de lo que los mass media indican.

Para trascender la malversación de la comunicación, el morbo, el amarillismo que puede resultar de sobrecargar y sobreemplear un concepto tan complejo y tan relevante como este, convendría generalizar un mayor desarrollo de su observación con mayores y mejores elementos. Esto resulta también como condición de posibilidad para la comunicación e interacción entre el sistema político y la ciudadanía. Para superar esa incomprensión tan incómoda de observar cómo el sistema político se muestra inerme, inmune y clausurado en suma, frente a las irritaciones del entorno que no son canalizadas como estímulos sistémicos, que no son integrados como comunicación eficiente a través del código de comunicación del sistema receptor, en este caso, el político. Con todo esto podríamos dejar de discutir bizantinamente en pos de las inercias derivadas de la rentabilización mediática y comprender un poco mejor, porqué el sistema jurídico, procesa tan diferenciadamente, los eventos jurídicos y políticos que son canalizados a sus estructuras.

A modo de conclusión, para enfocar en una mejor perspectiva el problema aquí planteado, cabría puntualizar: sí es importante instrumentar legalmente la teoría de la transparencia con sus mayores alcances y desarrollos actuales a pesar de su “importación” y acaparamiento por parte de una élite local de intelectuales politizados mediáticamente; sí puede observarse como un gran logro la institucionalización de órganos de transparencia ya habidos; sí es un gran desafío integrar un “sistema nacional anticorrupción” y  hay bastantes referencias de que en otras latitudes, mecanismos como el aquí llamado “3 de 3” dinamizan la rendición de cuentas; pero desde nuestro enfoque, todo esto podría verse a condición de que no se mercantilice la transparencia como un factor más de renta para los mass media, y que se desagregue la observación de la corrupción como un simplista y caricaturesco co-relato de la avaricia con las que los mass media juegan al poder. Y sobre todo, que se observe una socialización de la transparencia, para lo cual sigue siendo desafiante el reto de la cultura cívica, la participación, el involucramiento y el compromiso generalizado con el mejoramiento de las instituciones. Por esto, más que antes, es que la emergencia y  desarrollo de un sector, que Habermas y otros teóricos de la acción comunicativa han denominado “prensa seria”, o “científica”, se observa aquí como el siguiente proceso por acontecer en el ámbito de nuestra comunicación mediática. La recursividad, la disciplinariedad y el trabajo consistente en formas más especializadas de hacer análisis de lo social, posibilitado hoy más que nunca por las tecnologías digitales, es lo que las tendencias globales apuntan, como posibilidad para refinar nuestra comprensión de los procesos políticos y sociales, y para re-articular la cohesión social, tan lascerada últimamente en nuestro país. En este ámbito es donde esperamos contribuir.

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