Cambio de racionalidad en el tratamiento de la cannabis

Desde nuestra perspectiva, el cambio de racionalidad política en el tratamiento de la cannabis aconteciendo recientemente en México, se observa como resultante de un acoplamiento histórico de nuestra organización estatal con uno de los principales fundamentos liberales de la sociedad centro-moderna, a saber: la ampliación de la autodeterminación de los sujetos y la restricción de las potestades estatales frente a las libertades individuales. Es claro que las libertades particulares requieren ser condicionadas por principios de orden social; una primera distinción regulatoria es el concepto de ciudadanía, equivalente por lo general a la mayoría de edad, con nacionalidad legítima y plena capacidad de juicio. La definición sobre el significado de eso que se identifica como capacidad de juicio ha correspondido al sistema educativo, que a través de una reflexión conjunta con los sistemas jurídico y político sobre el concepto de mayoría de edad, establece los primeros parámetros a través de los cuales se puede considerar legítimo que un ciudadano acceda a ciertas libertades, siendo en algunos casos reconocida en un rango que va de entre los 18 y los 21 años de edad. En nuestro caso de análisis, esta diferenciación está aún por acontecer en revisiones posteriores o complementarias. Con esto, la reciente iniciativa sobre el uso médico de la cannabis y el incremento de la cantidad permitida para portación personal, constituye un avance en el sentido de la racionalidad moderna, que bajo esta metáfora cronométrica, equivale a una forma de reconocimiento de mayoría de edad, al menos en un aspecto más de lo social: aquél ámbito relacionado con la autodeterminación de nuestra relación con una sustancia por demás, utilizada desde épocas muy antiguas por las comunidades originarias y producida naturalmente por la tierra, que para algunos representa una medicina y para otros acaso un simple recurso lúdico. No obstante el alcance de la modificación legal recientemente propuesta aún no desarrolla consistentemente el tema lúdico, ni el problema de su producción, a la luz de este primer paso, resulta razonable que como efecto sucesivo, esto se aborde y desarrolle también muy próximamente. En este primer movimiento, la deconstrucción semántica de la asociación mariguana/criminalidad, tan generalizada en algunos ámbitos conservadores de la sociedad, cabe contrastarse con la abundante literatura en el ámbito de la psicología conductual, de la que se nutrieron los foros y debates en los que se fundamentó la propuesta de cambio de enfoque. Esto también implica paralelamente, una reivindicación en el marco de la teoría económica de la ventaja comparativa (David Ricardo) en la que aún hoy se fundamenta el libre comercio internacional, entre otras tantas formas de división social del trabajo. Esto es, que la mariguana como producto de la tierra, fue por muchos años uno de los cultivos que ofrecía mayor ventaja para algunas regiones de nuestro país, en donde este cultivo crece fácilmente, sin necesidad de grandes inversiones para su cuidado. Pero hasta ahora el modelo prohibicionista impide cualquier posiblidad significativa de aprovechamiento lícito, no obstante su rentabilización sea de todos modos procesada a través de los canales laterales del mercado negro, dominado en formas subrepticias que llegaron a consolidar organizaciones criminales políticas y económicas, transversales y transnacionales. Con esto, nuestra observación señala este cambio como un correlato del acoplamiento centro-moderno, que nos orienta como sociedad a una distinta forma de consideración por el derecho y las posibilidades de responsabilización de todos y de cada uno de los ciudadanos mexicanos, para decidir mayormente como en este caso, sobre las alternativas médicas, o más aún, como eventualmente podrá seguirse de lo anterior, sobre el tipo de esparcimiento que mejor nos convenga. Se desdobla así, una paradoja más de lo social, abriendo paso a nuevas oportunidades y a nuevos riesgos. Así vemos entonces, que la sociedad moderna contemporánea, a pesar del escepticismo conservador que ha intentado frenar esta orientación en todas las latitudes, se va autorregulando decididamente en el sentido de favorecer mayores posibilidades de autodeterminación; y que ahora impulsa a los mexicanos mediante una reflexión convergente entre la ciencia, el derecho y la política, a una mayor armonización con las tendencias prevalecientes en esta materia en el concierto de las naciones centro-modernas. Después de todo, visto sistémicamente los procesos evolutivos se basan en el desafío de traducir el riesgo bajo la forma de nuevas oportunidades.

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