Contingencia ambiental

Durante las últimas dos semanas en los mass media se han dejado sentir infinidad de quejas debido a las medidas de autoridad súbitas y radicales con las que se pretende combatir la contingencia ambiental equivalente a la frecuente y sucesiva superación de los 150 puntos del Índice Metropolitano de Contaminación Ambiental (IMECA) en el valle de la Ciudad de México. No obstante en todo caso pueda ser irritante la restricción de las libertades, hasta cierto punto parece tener sentido que sea necesario imponer limitaciones orientadas a impulsar el acoplamiento social contra la colectiva aberración de querer trasladarnos cada uno en un coche propio en una ciudad como ésta. En primer término es de sentido común que la creación de nuevas y mayores vialidades resulta como primer estímulo para el incremento del parque vehicular. Se han planteado además las tecnologías híbridas y eléctricas como solución latente, bajo la idea de pervivencia del mismo modelo individualista de transportación. Pero los coches no sólo producen contaminación, sino también acaparan el espacio público. Por otra parte, puede observarse que a nivel mundial, las características de petrolización de la economía hacen poco probable la conversión hacia la movilidad eléctrica, sino mediante un proceso gradual hasta en tanto se dé el agotamiento del petróleo, en un lapso próximo de entre 50 y 100 años, de acuerdo con las estimaciones más elementales.
A esto se suma el problemático hecho de que nuestro país, al afianzar la industria automotriz como eje articulador del desarrollo económico durante lo que va del presente siglo, se haya facilitado a sí mismo padecer esta problemática. Y es que de acuerdo con algunos supuestos teóricos del desarrollo económico se prevé que la evolución de una economía, en su etapa secundaria, pasa por el robustecimiento de la industria automotriz, para posteriormente poder llegar al estadío terciario del afianzamiento de los servicios de tipo complejo (informáticos, financieros, educativos). Lo que no queda claro es porqué dicho desarrollo industrial no puede dar el salto a la producción y generalización de autos eléctricos de una buena vez. Pero lo que me interesa recalcar aquí sobre todo, es que el sentido orgánico del dinamismo urbano, pasa por el mejoramiento del transporte colectivo, antes incluso que el incentivo del transporte no contaminante. Ante este escenario, la más grave afectación la llevan los usurarios del sistema de transporte colectivo metro, especialmente quienes se concentran y viajan por más de dos horas diariamente en los niveles subterráneos donde se da una acumulación de partículas suspendidas y contaminación que no tiene igual en la superficie. Dado todo esto, lo que más resulta sorprender y disgustar a los capitalinos es el frecuente mal estado de los vehículos de servicio público (recolectores de basura, entre otros) y de transporte público, camiones y metrobuses, que emiten una contaminación visiblemente excesiva, como ha resultado de sobra evidente en recientes fechas.

Como corolario de este escenario vivimos las semanas pasadas un descomunal ejercicio de los irregulares derechos de expresión pública que adoptan la forma de marchas callejeras que interfieren con el buen flujo vehícular.
Por otra parte, al observarse la convergencia de diversos fenómenos atmosféricos y meteorológicos como componentes de este problema, y al observarse el arribo cotidiano de población procedente de otros estados, queda claro que se trata de un asunto que involucra y requiere para su óptima atención, la coordinación de diversas entidades estatales, por lo que resulta también justificable en términos de operacionalización de las soluciones, la participación del nivel federal, y no sólo como agente de coordinación, sino necesariamente, como efecto de esa coordinación, también como agente y promotor de financimiento requerido. Desde mi punto de vista están dadas todas las condiciones para solicitar esta forma de atención, y para que en caso de fracasar el intento bajo la forma de operación política denominada Comisión Ambiental Metropolitana, pueda fundamentarse incluso como un procedimiento jurisdiccional, vía la acción de controversia constitucional, para estimular la convergencia de financiamiento para proyectos de mejoramiento ambiental, como en este caso resulta de grave urgencia para la región central y periférica de la CDMX. Después de todo, usted, distinguido visitante de los Estados, también se ve afectado potencialmente por este desvarío de nuestro valle central.

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