Caso Ayotzinapa: De los informes del GIEI a la construcción semántica de una verdad histórica

En la teoría del constructivismo sociológico la observación de la construcción semántica se refiere a la manera como se consolidan los significados, y las imágenes que se le asocian, o le son asociables a una interpretación determinada de la realidad social. En este caso, puede verse que la Construcción semántica de una verdad histórica es un proceso de significación altamente complejo y contingente, es decir, con permanentes posibilidades latentes de producirse de otra manera, que resulta de la oposición entre la posición oficial de las organizaciones del poder en un proceso dialéctico con los segmentos (en este caso movimiento(s) de protesta) de la sociedad que objetan dicha posición, en la medida que dichos segmentos se integren como organización y pugnen a través de los códigos del propio sistema proponente del contenido de la verdad histórica (en este caso el sistema político), frente a la mediación de un tercer sistema observador, que en este caso podría ser tanto algunos de los sistemas sociales funcionalmente diferenciados con los que actúa la organización estatal mexicana, a saber: el sistema de los mass media, el sistema religioso (la organización del episcopado mexicano), el sistema económico (los agentes que financian las actividades del grupo que protesta, entre los que podría considerarse las propias corporaciones de los mass media) y el propio sistema ciencia, a través de sus principales organizaciones, las universidades e institutos de investigación científica.

En este caso el proceso de legitimación de los resultados de la llamada verdad histórica ha subsumido en una compleja estructura de legitimación a las organizaciones de los diversos sistemas, pugnando cada una de ellas con una agenda aparentemente particular. Desde nuestro punto de vista la violencia abigarrada que se vive en Guerrero no es particular de un sólo estado, y las víctimas y desaparecidos reclaman un debido proceso similar en todas las latitudes. Por eso no parece viable la pervivencia de un movimiento de objeción a las proposiciones de verdad histórica por parte de una organización política que se ha manifestado de forma contundente y puntual. Sólo la articulación de un movimiento más amplio, y con una hipótesis alternativa más sólida y más específica podría modificar las tesis de lo sucedido hasta ahora. Mientras tanto desde una perspectiva sistémica, en mi parecer la consigna propagandística de acusación contra el Estado carece de sustento sólido, primeramente porque desde un punto de vista de estructuración semántica, en la articulación de las nociones que se asocian a la idea de Estado, vamos incluidos todos (territorio, población y gobierno); y en este punto, también es sabido, que de acuerdo con lo que enuncia el aforismo popular, en este caso como en muchos otros, cuando resulta que han sido todos, no ha sido nadie; es decir, mientras no haya imputaciones particulares, sino bagatelas tipo “fue el Estado”, así quedará la verdad histórica, bajo el ambiguo implícito de que en el fondo, al mismo tiempo, fuimos todos y nadie. Frente a esta lamentable paradoja emerge en primer término la observación de los principios operativos que norman la jurisdicción penal, que hace también evidente la necesidad de abordajes jurídicos más consistentes.

@cesargarciarazo

cesargarciarazo.org

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